Tras el anuncio del Jefe del CEO de la FANB, general Vladimir Padrino López, de que la aviación militar había derribado un avión del narcotráfico -y obligado a aterrizar a otro- tras su incursión en cielo venezolano comenzaron las dudas y especulaciones sobre el hecho. De entrada dijo “este fin de semana dos aeronaves incursoras penetraron nuestro espacio aéreo, no le prestaron atención a nuestros indicadores, a nuestra legislación aérea y tuvimos que activar aviones F-16 quienes los interceptaron al sur de Apure”. Otro militar le declaró a EFE que en lo que va del año se ha forzado el aterrizaje de 82 avionetas que ingresaron al espacio aéreo  presuntamente vinculadas al tráfico de drogas”. Más específico fue Diosdado Cabello quien aseveró que “el F-16 le disparó y lo derribaron”. Las interrogantes fueron tan contundentes que tuvieron que mover a la “guerrilla comunicacional” para que a través de las redes sociales trataran de explicar las fotos de MinDefensa y acusaran a la oposición de tener “una reacción torcida y antipatriótica”. El cuestionamiento comienza con una realidad desde que Chávez estaba vivo: los aviones de guerra venezolano no se mantienen artillados por aquello de los temores de levantamiento insurreccional. De allí a la foto de la nave en tierra, perfectamente configurados su tabaco y planos de las alas quemados sobre la maleza -¿de una pista clandestina? No pareciera corroborarse que fue destruida en el aire por los cañones del F-16 o se estrelló en tierra. Sus hélices intactas, como si no hubiera estado en movimiento, arrojaron mas dudas por más que ahora muestren casos similares. No hay rastros de impacto y solo un plano cerrado de la nave es lo que nos mostraron. Nadie ha explicado donde están la droga y los tripulantes. No era un dron. Las pruebas fotográficas de casos similares en Centroamérica o México son contundentes. Muy distintas a lo que “pasó en Apure”. Supe que recientemente hubo un caso parecido cuando agarraron una avioneta similar a la “derribada” y se suscitaron discrepancias entre la Guardia Nacional y el Ejército. Los primeros querían que la avioneta -que estaba en perfecto estado- se traspasara a ese componente o a otro para utilizarla como esta previsto en el decomiso de propiedades del narcotráfico. Los segundo querían quemarla en el sitio para demostrar que se perseguía el tráfico de drogas. Al final ganaron los “incendiarios”. No quiero decir que esta sea esa aeronave pero la suspicacia surge. Me pregunto: ¿Habrán sorprendido en su buena fe a los militares, activo y retirado, que dieron la cara? ¿Pensarían que con este espectáculo tapaban el sol con un dedo y la exportación de cocaína comprobada a nivel global por capos civiles y uniformados? ¿Si han forzado el aterrizaje de mas de ocho decenas de aviones por qué no los han mostrado? Ya quedó demostrado hace unos años cómo le cambiaban las siglas a un mismo avión para aparentar un éxito en la lucha antidrogas. ¿ONA?. Con solo leer la encuesta nacional sobre el Delito Organizado en Venezuela de septiembre se darían cuenta que “de cada 4 personas que emitieron opinión 3 consideran que los militares han sido corrompidos por el narcotráfico”. Muy grave esa percepción. Hablen claro e informen verazmente como tanto pregonan…

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