Preocupado por murmuraciones de descontento en los cuarteles, el régimen de Nicolás Maduro ha emprendido una agresiva campaña para tratar de conquistar las simpatías de los militares, con esfuerzos que van desde incremento de salarios y frecuentes visitas a las guarniciones hasta promesas de millonarias compras de equipos bélicos.

Y es que los militares, incluso aquellos alineados ideológicamente con el chavismo, ven a Maduro como un mandatario débil que carece de una estrategia coherente para enfrentar el deterioro económico y social que está produciéndose bajo su gobierno.

Es una situación que está llevando al nuevo líder de la revolución bolivariana a cederles mayores cuotas de poder a los militares dentro de su régimen, con los líderes de ciertos grupos saliendo claramente favorecidos.

“El gobierno de Maduro es un gobierno débil, y mientras más débil es, más fuerte es la influencia detrás de bambalinas de la Fuerza Armada”, explicó Diego Moya Ocampos, analista para América Latina de IHS Global Insight/IHS Jane’s.

“Se están beneficiando, sobre todo, este grupo de militares que se denomina chavista, y que se dan a entender que son los encargados de velar por el legado de [Hugo] Chávez”, agregó.

El régimen chavista hace rato que se ha militarizado, con un elevado número de puestos públicos y gobernaciones que son ejercidos por integrantes de la organización castrense.

Pero la influencia de los hombres en uniforme ha ido en aumento en los últimos meses con específicos grupos ahora disfrutando de mayores cuotas de poder.

Maduro parece estar descansando en especial sobre el selecto grupo de oficiales que acompañó al fallecido Chávez en la insurrección militar del 4 de febrero de 1992.

Entre estos sobresale el actual ministro para el Despacho de la Presidencia y Seguimiento de la Gestión de Gobierno, Wilmer Barrientos, a quien muchos vislumbran como un claro candidato para convertirse en el próximo Ministro de Defensa.

Pero la Fuerza Armada Nacional es un grupo heterogéneo y algunos de los sectores que la conforman no sienten tantas simpatías por la gestión de Maduro y su empeño de terminar de transformar a Venezuela en un país socialista con características similares las del modelo cubano.

Tampoco ven con buenos ojos la injerencia de la isla en los asuntos del país, y mucho menos la presencia de oficiales castristas en las instalaciones militares del país sudamericano, explicó el ex Comandante del Ejército, Carlos Julio Peñaloza.

Adicionalmente, la mayoría de los oficiales del país desaprueba de la gestión del nuevo líder de la Revolución Bolivariana.

“Hay muy pocos militares que sienten una simpatía genuina por Maduro. Habrá algunos que en público le sonríen, pero si se hurga más abajo uno se encuentra que no tiene mucho apoyo”, comentó Peñaloza.

“Esa es la razón por la que Maduro últimamente ha salido de visita a los cuarteles. Es una muestra de debilidad, siente que se le está moviendo el piso y cree que puede ganar soporte sobornando a los militares”, agregó.

La mención de soborno se refiere a una serie de medidas anunciadas recientemente por Maduro para beneficiar a los militares, incluyendo un aumento de entre 45 y 60 por ciento en los salarios.

Los anuncios también incluyeron la aprobación de nuevos fondos para la modernización de equipos y de grandes desembolsos para adquirir nuevas unidades para la Fuerza Aérea.

Pero medidas como estas hacen muy poco para apaciguar algunas de las grandes criticas sobre Maduro que circulan entre los militares.

“El es mal visto, definitivamente. El es un hombre incapaz. No se ha preparado para desempeñar ningún cargo”, comentó el ex ministro de Defensa Vicente Luis Narváez.

“[Maduro] está viviendo un sueño que nunca tuvo, y por no haberlo tenido, se le ha convertido en una pesadilla. Usted no puede pretender gobernar a un país sin ninguna preparación para ello. Y ese señor no tiene ninguna preparación”, agregó Narváez refiriéndose a que el nuevo jefe del chavismo llegó accidentalmente a la presidencia.

Para Narváez, existe un gran descontento entre los cuadros subalternos y en los cuadros medios de la institución armada, no tanto entre quienes ya ocupan altos cargos, debido entre otras razones a la profunda reforma que emprendió el régimen cuando Chávez aún se encontraba con vida.

Chávez si tuvo prestigio dentro de la institución armada, pero la reforma que emprendió y sus políticas generaron grandes daños a la institución.

Entre los mayores perjuicios estaba su política de otorgarle el grado de general automáticamente a todo coronel con suficiente antigüedad, independientemente de sus cualidades o méritos.

Cerca de 200 oficiales alcanzan ese cargo todos los años, cuando en el pasado el número que lo hacía no superaba la docena, explicó Narváez.

“Es absurdo que en un país que apenas tiene 120,000 a 150,000 hombres sobre las armas, tenga 1,200 generales”, expresó Narváez. “Eso es un absurdo, es la prostitución de la institución armada”, expresó.

Otro “exabrupto” fue la reciente reforma a la ley de la Fuerza Armada Nacional, que convertía en oficial a todo sargento con algún grado de especialización. La medida convirtió automáticamente en coroneles a sargentos de mayor distinción, causando grandes problemas entre los tenientes y capitanes que antes eran sus superiores, dijo.

“Eso fue la destrucción de la disciplina y la subordinación de la obediencia. Y entre la oficialidad se entendió que lo que se pretendía era la destrucción de la Fuerza Armada, como institución”, explicó Narváez.

Agregó que ante estas acciones del chavismo no puede haber más que descontento entre aquellos oficiales que siente una genuina devoción por la Fuerza Armada Nacional.

Pero la gestión de Maduro es incluso mal recibida por aquellos oficiales que sienten simpatías por el proyecto emprendido por Chávez.

Muchos de ellos –dijeron los consultados– consideran que están mejor posicionados y preparados que Maduro para garantizar con vida el legado del fallecido mandatario.

Y quizás de mayor preocupación es la evidente perdida de popularidad de Maduro, sufrida en el marco de la feroz crisis económica por la que atraviesa el país.

Moya explicó que dentro de la Fuerza Armada se está discutiendo qué hacer si se produce una explosión social ante el agudo problema de la escasez de alimentos, en lo que sería interpretado como una clara señal de que la población ya no respalda al chavismo.

En el pasado, estaba claro entre los militares que debían apoyar al gobierno mientras éste cuente con respaldo popular, mientras que el régimen sabía que debía mantener ese respaldo popular utilizando los recursos petroleros para financiar programas sociales.

“El asunto es que los reales se están acabando, y parecen estar metidos en un callejón sin salida. Tenían que incrementar la producción de petróleo para seguir haciéndolo y no lo hicieron, y ahora no está claro donde conseguirán los recursos para seguir financiando todo esto”, dijo Moya.

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