Por: Franco D´Orazio P.

Es el veredicto que se erige como epílogo del proceso revolucionario con raíces caribeñas que nos cobija involuntariamente, a nuestro pesar, como lo fue en Cuba aquel fusilamiento a mansalva que entronó a los dueños del circo y que a partir de entonces, acabó con el verdadero sueño revolucionario, político y social, que fue esperanza de muchos.

Ya nos acercamos al cuarto de millón de personas fallecidas a manos criminales en tan sólo una década; más que en el norte africano con su primavera insatisfecha, más que en la guerra civil siria, más que en el resto de Latinoamérica con todo y el tráfico centroamericano de narcóticos y los ejércitos irregulares colombianos, juntos.

No importa lo que hagan los cuerpos policiales, que se afanan por detectar y publicitar algunos móviles que tipifiquen y/o justifiquen los crímenes que diariamente asolan a la nación… no nos engañemos más, aquí simplemente ¡matan por matar!

¿Qué podemos hacer como sociedad?… Pues esta situación sí requiere de unión ciudadana, coherente, de suma urgencia, distinta al circo político oficial que con la comparsa opositora nos ha entretenido esta misma década, ya perdida. La sociedad venezolana, del signo que sea, del credo que sea, del estrato que sea y del color político que sea, o se une en torno al repudio de esta aberrante y desastrosa situación, ya inaguantable, exigiéndole de manera contundente a sus gobernantes una solución inmediata, efectiva, que garantice la vida de todos los ciudadanos… o sucumbirá a cuentagotas ante esta miserable realidad nacional.

No debe olvidarse que estatutariamente la Seguridad en una función irrenunciable e intransferible del Estado y que en este país intentan, irresponsablemente, echarle las culpas al ciudadano común.

En esta materia no importan las cuotas de poder, o los puestos oficiales, o el volumen de empleados (o reposeros) públicos, o la masa votante de uno y otro lado; acá no tienen ninguna relevancia los cupos Cadivi o las remesas fraudulentas o los anaqueles vacíos o la inoperancia e improductividad de Pdvsa o las mentiras del BCV… Aquí lo único que importa es la vida misma, indispensable para poder arreglar todo lo demás.

Y en esta delicada materia ya no hay más allá. Es ¡ahora o nunca!

Anexamos una información recibida de nuestro amigo y colega Diego González C. sobre las estadísticas oficiales de fallecimientos en el país, producto de la violencia irracional desatada contra la ciudadanía.

Y en menos de dos semanas de este inicio de año ya van cientos de venezolanos y extranjeros de todas las edades, sobre todo jóvenes, que habitan en las morgues del país en espera de cristiana sepultura. Rogamos a Dios por el eterno descanso de sus almas…

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