La falta de dinero está impactando las costosas operaciones en el exterior del régimen de Nicolás Maduro, incluyendo las de su cuerpo diplomático y las del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), dijeron las fuentes que hablaron bajo condición de anonimato.

Pero no todos los servicios están siendo recortados.

Los cambios registrados recientemente también incluyen el retorno a la agencia de inteligencia del personal cubano, que había sido apartado previamente por temores de altos dirigentes del régimen venezolano de que La Habana estaba recaudando demasiada información sobre ellos.

Las fuentes explicaron que las manifestaciones de protesta que han estado sacudiendo a Venezuela por más de dos meses está alterando la composición de los organismos de seguridad del chavismo, llevando a Maduro a depender cada vez más en los mecanismos, recetas y personal suministrado por Cuba para enfrentar la crisis.

“Los cubanos vuelven a tomar el SEBIN”, dijo una de las fuentes. “La idea es poner un primo [un asesor cubano] en cada una de las direcciones [departamentos]”.

Según las fuentes, el regreso de los cubanos está incrementando el malestar dentro de la entidad, cuyo estado de ánimo ya estaba golpeado por los despidos de funcionarios que fueron sindicados en actos de violencia durante las manifestaciones estudiantiles.

El chavismo, ahora con Maduro al timón, enfrenta uno de los peores momentos en su historia, con una ola de protestas estudiantiles que se suma al creciente malestar social provocado por la crisis económica y que el régimen ha optado encarar con una brutal represión que ha dejado 41 muertos, más de 600 heridos y más de 2,000 detenidos.

La crisis, según las fuentes, ha llevado al chavismo a recalibrar las prioridades en el exterior del SEBIN, donde tradicionalmente ha dedicado recursos para monitorear dirigentes hostiles a la revolución boliviariana, incluyendo al ex presidente colombiano Alvaro Uribe, a opositores en Miami y en Panamá, e incluso la Iglesia Católica.

En Estados Unidos, el SEBIN le ha estado prestando particular atención a las actuaciones de legisladores hispanos como Marco Rubio e Ileana Ros-Lehtinen, así como diplomáticos del Departamento de Estado, y las informaciones publicadas por los medios de comunicación que le prestan especial atención a Venezuela, incluyendo a el Nuevo Herald.

De especial interés son los pronunciamientos y acciones de funcionarios estadounidenses que ejercen influencia en la política exterior de Washington y sus posibles interrelaciones con diplomáticos de otros países.

No obstante, las operaciones en Estados Unidos ya habían disminuido considerablemente, quedando reducidas al monitoreo de “fuentes abiertas” como pronunciamientos públicos o informes de prensa, tras el cierre del consulado en Miami, dijeron las fuentes.

De hecho, la sede diplomática se había convertido en una importante base de operaciones para el SEBIN, llegando a albergar hasta cinco agentes de inteligencia antes de que el entonces presidente Hugo Chávez decidiera cerrar sus puertas.

El cierre se produjo luego que la cónsul general de Venezuela en Miami, Livia Acosta, se viera implicada en un presunto complot iraní contra Estados Unidos, divulgado en un trabajo de investigación elaborado por la cadena Univisión.

Acosta fue declarada persona “non grata” por el Departamento de Estado, al igual que el vicecónsul Edgard González Belandria, responsable por la emisión de pasaportes en el consulado en Miami.

Pero los dos funcionarios también trabajaban para el SEBIN, según un listado de la nómina del servicio de inteligencia al que el Nuevo Herald tuvo acceso.

En abril del 2011, Acosta se encontraba adscrita a la Dirección de Inteligencia de la policía secreta, desempeñándose con el cargo de Comisario General y ganando para la época un salario de 6,325.16 bolívares.

González Belandria, en cambio, se desempeñaba como “analista” y cobraba un salario de 3,875.2 bolívares.

Y Acosta y González no eran los únicos agentes del SEBIN que operaban desde el consulado.

Desde allí también operaban los subcomisarios Armando Rivero, William Peraza y Jesús Blondell, quienes en el 2011 cobraban en el SEBIN un salario de 4,821.48 bolívares cada uno.

Ex empleados del consulado confirmaron que los cinco agentes del SEBIN trabajaron en el cuerpo diplomático de Venezuela en Estados Unidos, al igual que el comisario Joaquín Napoleón Suárez Montes, quien en ese entonces operaba desde la embajada en Washington.

Según las fuentes consultadas, el SEBIN retiró todo su personal de Estados Unidos en las secuelas del escándalo con Acosta, quien actualmente se desempeña en el puesto número dos de la sección de Inteligencia de la entidad.

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